En España se diagnostican más de 245.000 nuevos cánceres al año. La sanidad pública realiza el tratamiento sin copago adicional. Sin embargo, los pacientes tienen que hacer frente a una batería de gastos adicionales.

La reforma sanitaria impulsada por la ex Ministra de Sanidad Ana Mato en 2012 redujo la cobertura de gastos en tratamientos extrahospitalarios e introdujo el copago a un gran número de medicamentos. La Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) calcula que solo sufragar las recomendaciones médicas indispensables para esta enfermedad le supone al bolsillo del paciente unos 450 euros de media para ocho meses de tratamiento. Este sobrecoste sumado a la reducción de ingresos derivados de la baja laboral, suponen un reto y una dificultad añadida para las familias con menores recursos.

Además, durante el tratamiento, hay que afrontar los gastos de otras enfermedades menores que se desarrollan a consecuencia del cáncer: estreñimiento, sequedad de las mucosas y úlceras o heridas intestinales. Hay síntomas tan severos que impiden realizar tareas domésticas y obligan en algunos casos a contratar ayuda externa para el cuidado de la casa o de los hijos.

A todo ello, se suma que para un enfermo de cáncer son obligatorios los viajes semanales al hospital, e incluso diarios en algunas fases del tratamiento; así como los traslados periódicos al centro de día o las visitas mensuales a las consultas de médicos especialistas, dependiendo de cada caso. Estos trayectos son una de las partidas que más pueden notarse en el bolsillo, y de forma acentuada desde que, en 2012, la reforma sanitaria eliminó la gratuidad de los transportes sanitarios no urgentes, entre otras cosas. Y en las localidades pequeñas, el problema se agrava.

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